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Para ser más espiritual

2 Nefi 32:1-6
El punto que Nefi expone aquí es muy significativo. A menudo se oye a los miembros de la Iglesia expresar preocupación porque sienten una falta de poder espiritual en su vida. Se preguntan: "¿Qué puedo hacer para ser más espiritual?" Adviértase el razonamiento de Nefi. El indica que si una persona realmente ha entrado por la senda del bautismo, habrá recibido el Espíritu Santo; por lo tanto, mediante Su poder, recibirá las palabras de Cristo y podrá hablar con lengua de ángeles. Las palabras de Cristo le dirán todo lo que debe hacer. (Véanse los vers. 3 y 5.) Lo que Nefi parece querer expresar, entonces, es que si una persona aun se siente insegura en cuanto a que hacer para sentir en mayor grado la compañía del Espíritu Santo, es porque no ha comprendido plenamente los principios que él (Nefi) acababa de explicar. El recalca nuevamente que si verdaderamente se ha entrado en la senda (por medio del bautismo de agua y de fuego), el Espíritu Santo mostrará "todas las cosas" que se deben hacer (vers. 5). Si alguien no puede entender eso, es porque no pide entendimiento (vers. 4).
Nefi, naturalmente, no esta indicando que nunca es necesario sopesar las cosas en la mente, estudiar y orar y luego seguir adelante basándonos en nuestro propio juicio. El mismo fue " . . . guiado por el Espíritu, sin saber de antemano lo que tendría que hacer" (1 Nefi 4:6). El Señor no necesariamente toma al individuo de la mano y lo guía paso a paso por la vida. Tal como dijo el presidente Joseph F. Smith:
"Si un hombre se bautiza y se le confiere el santo sacerdocio, y es llamado para efectuar deberes relacionados con dicho sacerdocio, no es necesario que siempre este presente el Espíritu Santo con él en persona al estar cumpliendo con su deber, pero todo acto justo que efectúe . . . estará en vigor y será reconocido por Dios, y cuanto mayor sea la porción del espíritu de Dios que lo acompañe en su ministerio, tanto mejor para el, y aquellos a quienes ministre no sufrirán ninguna pérdida.
"Por tanto, la presentación o 'don' del Espíritu Santo sencillamente le confiere a un hombre el derecho de recibir en cualquier ocasión, cuando sea digno de ello y lo desee, el poder y la luz de verdad del Espíritu Santo, aunque con frecuencia podrá verse limitado a su propio espíritu y criterio." (Doctrina del Evangelio, pág. 58; cursiva agregada.)
En el contexto de lo que Nefi expresa, su declaración de que el Espíritu Santo mostrara "todas las cosas" que debemos hacer (vers. 5) se refiere a todo lo necesario para nuestra salvación.

Tomado del Manual de Instituto

¿Qué es la superchería sacerdotal?

2 Nefi 26:29
"El sacerdocio y la superchería sacerdotal son dos cosas opuestas; uno es de Dios, la otra del diablo. Cuando los ministros religiosos reclaman pero no tienen el sacerdocio, cuando se muestran como luces a sus congregaciones, pero no predican el evangelio puro y pleno, cuando su interés esta en la obtención de popularidad personal y ganancias en lugar de cuidar de los pobres y atender las necesidades y carencias de sus semejantes, participan, en mayor o menor grado, en la practica de la superchería.
"La apostasía nace de las supercherías (2 Nefi 10:5; 3 Nefi 16:10; D. y C. 33:4), pues quienes se dan a ellas persiguen cosas vanas, enseñan doctrina falsa, aman las riquezas y aspiran a los honores personales. (Alma 1:12, 16.) A los hombres se les ha mandado arrepentirse de su superchería (3 Nefi 30:2) y finalmente, en el día milenario, esos grandes males serán desterrados. (3 Nefi 21:19.)"

Bruce R. McConkie

La Doctrina del Sacerdocio




por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

A todos vosotros, poseedores del Sacerdocio Aarónico y de Melquisedec, les presento este desafío: Venid y aprended la doctrina del sacerdocio, venid y vivid como corresponde a un siervo del Señor.
Esta doctrina del sacerdocio -desconocida en el mundo y poco conocida aun en la Iglesia-no se puede aprender estudiando las Escrituras solamente. No ha sido explicada en los discursos ni en las enseñanzas de profetas y apóstoles, sino sólo mencionada. Solamente se puede conocer por revelación personal. Aquellos que aman y sirven a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza la reciben "línea sobre línea, precepto tras precepto", a través del poder del Espíritu Santo. (Véase D. y C. 98:12.)
Tenemos la promesa revelada de que si nuestras almas están llenas de "caridad para con todos los hombres, y para con los de la familia de la fe", y si dejamos que "la virtud engalane [nuestros] pensamientos incesantemente; entonces [nuestra] confianza se hará fuerte en la presencia de Dios;
"y la doctrina del sacerdocio destilara sobre [nuestra] alma como rocío del cielo." (D. y C. 121:45.)
Conociendo nuestras limitaciones, "razonemos juntos" de todos modos y quizás podamos al menos vislumbrar las maravillas de ese poder mediante el cual los mundos fueron creados. Quizás podamos ver como, de que manera, nosotros los mortales podemos ejercer ese mismo poder para bendecir a nuestro prójimo y salvarnos a nosotros mismos.
¿Que es, entonces, la doctrina del sacerdocio? ¿Que doctrina es esta, formulada en las cortes celestiales, que puede "destilar" sobre los fieles "como rocío del cielo"? ' (Véase D. y C. 121:45.)
El sacerdocio es un poder sin igual en la tierra y en el cielo. Es el propio poder de Dios mismo, el poder por el cual los mundos fuero hechos, el poder que todo lo regula sustenta y preserva.
Es el poder de la fe, la fe por el cual el Padre crea y gobierna. Dios es Dios porque en El se personifican toda la fe, y todo el poder. ! todo el sacerdocio. La vida que El vive se llama vida eterna.
El grado en que podemos llegar a ser como El depende del grado en que logremos tener Su fe, obtener Su poder y ejercer Su sacerdocio. Y cuando seamos como El es, en el verdadero sentido de la expresión. también tendremos vida eterna.
La fe y el sacerdocio van de la mano. La fe es poder y el poder es sacerdocio. Después de lograr la fe. recibimos el sacerdocio. Luego, por medio de este, aumentamos nuestra fe hasta que, teniendo ya todo poder, seremos como nuestro Señor.
Nuestra vida mortal esta destinada a ser un periodo de prueba, de posición. Mientras estamos aquí tenemos el privilegio de perfeccionar nuestra fe y aumentar en el poder del sacerdocio
Recibimos el sacerdocio primeramente en la preexistencia y luego como mortales. Adán poseía las llaves y ejerció el sacerdocio cuando participo en la creación de la tierra. Después de su bautismo lo recibió otra vez, y ahora es el Sumo Sacerdote que preside sobre toda la tierra.
Todos los que tenemos llamamientos para ministrar en el Santo Sacerdocio fuimos preordinados para ser ministros de Cristo y venir a la tierra en el tiempo señalado, y trabajar bajo su mandato.
El Santo Sacerdocio hizo mas para perfeccionar a los hombres en los días de Enoc que en cualquier otra época. Conocido entonces como el Orden de Enoc (véase D. y C. 76:57), fue el poder por el cual el y su pueblo fueron traspuestos. (Véase Hebreos 11:5.) Y lo fueron porque habían tenido fe y habían ejercido el poder del sacerdocio.
El Señor hizo un convenio eterno con Enoc de que todos los que recibieran el sacerdocio tendrían poder, por medio de la fe, de gobernar y controlar todo en la tierra, desafiar los ejércitos de las naciones y pararse ante el Señor investidos de gloria y exaltación.
Melquisedec tenia una fe similar, "y su pueblo obró en justicia, y obtuvo el cielo, y busco la ciudad de Enoc". (Versión inspirada de la Biblia, Génesis 14:34. Traducción libre.) Desde esa época el sacerdocio se ha llamado con su nombre.
En la Iglesia hay dos sacerdocios, el Aarónico o Levítico y el de Melquisedec. El Aarónico es un sacerdocio preparatorio, de enseñanza: un sacerdocio menor, un sistema divino que prepara al hombre para recibir el de Melquisedec.
El Sacerdocio de Melquisedec pertenece al orden mas alto y sagrado que jamas se haya dado al hombre en la tierra. Es el poder y autoridad de hacer todo lo necesario para salvar y exaltar a los hijos de los hombres. Es el mismo sacerdocio que posee el propio Señor Jesucristo y por virtud del cual El pudo obtener la vida eterna en el reino de su Padre. Ambos sacerdocios se reciben por convenio (véase D. y C. 84:33-41). Ambos sobrepasan todo poder terrenal; ambos preparan al hombre para la salvación.
Aquellos que reciben el Sacerdocio Aarónico pactan y prometen honrar sus llamamientos, servir en el ministerio del Maestro, renunciar al mundo y vivir como corresponde a los miembros dignos.
El Señor, a su vez, pacta y promete bendecir a todos los que obedezcan el pacto Aarónico. Además, promete darles el Sacerdocio de Melquisedec, por medio del cual se obtiene la vida eterna.
Aquellos que reciben el Sacerdocio de Melquisedec pactan y prometen, ante Dios y los ángeles, honrar sus llamamientos, vivir "de toda palabra que sale de la boca de Dios" (D. y C. 84:44), casarse por esta vida y la eternidad en el orden patriarcal y vivir y servir como lo hizo el Señor Jesucristo en su vida y su ministerio.
A su vez, el Señor pacta y promete darles todo lo que el Padre tiene, o sea, la vida eterna, que es la exaltación y la condición de dioses en aquel reino eterno, único lugar donde la unidad familiar continua para siempre.
El Señor los acepta así en su eterno orden patriarcal, un orden que prevalece en la esfera mas alta del mundo celestial; un orden que asegura a sus miembros la progenie eterna, o, en otras palabras, la procreación de hijos espirituales en la resurrección. (Véase D. y C. 131:1-4.)
Estas son las promesas mas gloriosas dadas al hombre. No hay ni puede haber nada que sea tan asombroso y grande. Por eso el Señor usa el lenguaje mas poderoso y fuerte que conoce la lengua humana, para mostrar su importancia e inmutabilidad. Esto es, Dios jura con un juramento hecho en su propio nombre, porque no puede jurar por un nombre mas grandioso, que todo el que obedezca el convenio hecho en relación con el Sacerdocio de Melquisedec heredará, recibirá y poseerá todas las cosas que hay en Su reino eterno, y será coheredero con el Señor, su Unigénito.
Dios hizo juramento de que Cristo seria exaltado, y vuelve a jurar cada vez que uno de nosotros recibe el Sacerdocio de Melquisedec que tendremos una exaltación similar si somos verídicos y fieles en todas las cosas.
David dijo: "Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tu eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec." (Salmos 110:4.)
Y Pablo, después de citar estas palabras, este juramento eterno de Dios mismo, dijo que Cristo "fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec?'. (Véase Hebreos 5:5-6, 10.)
Pablo dijo de Melquisedec, a quien Abraham pagaba diezmos:
"Porque este Melquisedec fue ordenado sacerdote según el orden del Hijo de Dios, el cual orden era sin padre, sin madre, sin descendencia, no teniendo principio de días ni fin de vida." (Versión Inspirada, Hebreos 7:3. Traducción libre.)
Antiguamente, el Sacerdocio Aarónico estaba limitado a los levitas. Se recibía por causa de padre y madre, es decir que era conferido solamente a los descendientes varones de Leví que fueran dignos. Pero el Sacerdocio de Melquisedec había de ser conferido a cualquier hombre, de cualquier linaje, que fuera digno de recibirlo.
Luego Pablo continua:
"Y todos los que son ordenados a este sacerdocio [mayor] son hechos semejantes al Hijo de Dios, permaneciendo sacerdotes para siempre." (V. I., Hebreos 7:3. Traducción libre.)
Cristo es el modelo; El es el Hijo, el Heredero del Padre. Pero nosotros, como coherederos, heredamos igual que El porque también permanecemos sacerdotes para siempre. Así hacemos el convenio con Dios; y El nos hace un juramento a todos nosotros a fin de mostrarnos la importancia y el valor eterno de este convenio.
Esto de pactar con juramento en los días antiguos tenía un significado mucho mayor de lo que muchos de nosotros comprendemos.
Por ejemplo: Nefi y sus hermanos estaban tratando de obtener las planchas de bronce de Labán. Estaban en peligro de muerte; sin embargo, Nefi juró así:
"Vive el Señor, que como nosotros vivimos no volveremos a nuestro padre hasta que hayamos cumplido lo que el Señor nos ha mandado." (1 Nefi 3:15. Cursiva agregada.)
De esta forma Nefi hizo que Dios fuera su socio. Si fracasaba en su empresa, Dios habría fracasado; y como El no fracasa, era forzoso para Nefi el conseguir las planchas o dar su vida en el intento.
Uno de los juramentos mas solemnes que ha recibido el hombre se encuentra en estas palabras del Señor concerniente a José Smith y el Libro de Mormón:
"Y [José Smith] ha traducido el libro, sí, la parte que le he mandado"; dijo el Señor, "y vive vuestro Señor y vuestro Dios, que es verdadero." (D. y C. 17:6. Cursiva agregada.)
Este es el testimonio de Dios sobre el Libro de Mormón. En el, Dios mismo pone por testigo su divinidad: O el libro es verdadero o Dios cesa de ser Dios. No hay ni podría haber ningún lenguaje con palabras mas fuertes y solemnes conocido entre los hombres o entre los dioses.
Así es con el Sacerdocio de Melquisedec. Vive el Señor que este es su Santo Orden, y todos aquellos de toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo, y raza, y color, que sean fieles a este convenio, permanecerán sacerdotes para siempre, gobernando y reinando eternamente con Aquel a quien reconocemos como el gran Sumo Sacerdote de nuestra fe, el Señor Jesucristo.
¿Cuál es, entonces, la doctrina del sacerdocio? Y ¿como debemos vivir siendo siervos del Señor?
Esta doctrina es que Dios nuestro Padre es un Ser glorificado, perfeccionado y exaltado; que tiene toda potestad, todo poder y todo dominio; que sabe todas las cosas y es infinito en todos sus atributos; y que vive en una unidad familiar.
Esta doctrina es que nuestro Padre Eterno tiene este alto grado de gloria, perfección y poder porque su fe es perfecta y su sacerdocio ilimitado.
Esta doctrina es que sacerdocio es el nombre del poder de Dios, y que si vamos a llegar a ser como El es, debemos recibir y ejercer su sacerdocio o poder en la misma forma en que El lo hace.
Esta doctrina es que El nos ha investido con poder celestial sobre la tierra, el cual es según el orden de su Hijo, y, por ser el poder de Dios, necesariamente no tiene principio de días ni fin de años.
Esta doctrina dice que podemos entrar en un orden del sacerdocio llamado el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio y también el orden patriarcal, según el cual podremos crear nuestras propias unidades familiares eternas organizadas de acuerdo con el modelo de la familia de Dios, nuestro Padre Celestial.
Esta doctrina establece que tenemos el poder por medio de la fe, de obtener y controlar todo, tanto en lo temporal como en lo espiritual; de hacer milagros y perfeccionar nuestra vida; de llegar a la presencia de Dios y ser como El porque habremos obtenido su fe, su perfección, y su poder, o, en otras palabras, la plenitud de su sacerdocio.
Esta es, pues, la doctrina del sacerdocio, y no existe ni puede existir nada que sea mas grande. Este es el poder que podemos obtener mediante la fe y la rectitud.
Ciertamente, hay poder en el sacerdocio, ¡el poder para hacer todas las cosas!
Si el mundo mismo fue creado por el poder del sacerdocio, ciertamente ese poder puede mover montadas y controlar los elementos.
Si una tercera parte de las huestes celestiales fueron echadas a la tierra por el poder del sacerdocio ciertamente ese poder puede desafiar a los ejércitos de las naciones e impedir la caída de las bombas atómicas.
Si todo ser humano será levantado de mortalidad a inmortalidad por el poder del sacerdocio, ciertamente ese mismo poder puede curar a los enfermos y moribundos, y levantar a los muertos.
Verdaderamente, hay poder en el sacerdocio, un poder que procuramos obtener y ejercer, un poder por el que devotamente oramos que pueda estar eternamente con nosotros y nuestra posteridad. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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